Tengo un problema con los inicios. A estas alturas creo que ya lo sabes, pero cojo con muchas ganas algo nuevo y en cuanto pasan un par de semanas toda esa energía pasa a un segundo plano y vuelvo a detestar el mundo. Creo que el problema no reside en esos inicios, más bien lo hace en los finales. Pues la cosa está en que he vivido pocos finales. Es lo que tiene no terminar las cosas y empezar cinco nuevas a la vez.
Pero durante estos dos meses sí que he vivido varios finales. Finales que yo nunca habría querido terminar, que no estaban programados y que aunque hay que pasar por ellos no se los deseo a nadie.
Creo que el perder a Kiro me ha hecho darme cuenta de la distancia en la que me encuentro. Me ha obligado a darme una hostia de realidad y ver que el tiempo pasa más rápido de lo que me gustaría y que aunque nadie quiera uno debe madurar y ser responsable de su vida. Aunque eso último no parezca mucho que lo hago, al menos no respecto a la universidad o a la gente que me rodea, creo que una pequeña parte de mí está avanzando sobre un hilo diminuto hasta algún lugar más cálido. Al menos eso quiero creer. Pero todo cuesta trabajo. Mucho trabajo. Y es tan sencillo dejar de pensar y de preocuparse, perderse en el sueño y cerrar los ojos. Es tan fácil que a veces perdemos un poco el norte, pero hay que volver. Siempre toca volver.
He dividido enero y febrero en diez canciones. Así puedo ocupar los huecos que dejé pasar.
Enero:
Siempre hay una canción que nos recuerda a alguien o quizás nos recuerda un momento exacto. Esta es la canción que siempre me va a recordar a Kiro. Ya de por sí el vídeo es casi una recreación de lo que pasó y nada más escuchar la primera nota me pongo a llorar. No quiero imaginarme perder a nadie más. El era mi mejor amigo, aunque cueste de creer. Él estuvo ahí toda mi vida y aunque mucha gente diga que es solo un animal, que realmente no se enteran de nada. Sin él me habría hundido mucho antes. Ahora me siento un poco vacío y sin mucho rumbo. A veces me quedo tumbado en el sitio donde dormía y hago ver que sigue conmigo. Es una mierda. Por eso, no sé que haré cuando esto se agrave, cuando empiece a perder gente de verdad. Y no me refiero a perder gente que luego puedes intentar volver a recuperar. Me refiero a perderles para siempre. No sé si estoy preparado.
Esta es la canción que me acompañó durante todo enero cada vez que llegaba a casa y no había nadie que me recibiera. Cuando veía la pelota de mi perro tirada en el jardín o cuando giro la cabeza antes de irme a dormir y miro su foto de cuando tenía un par de añitos. ¿Sabes eso de que todo se cura con etapas? Que si negación, aceptación, superación. Esas cosas. Creo que para aceptar que te ha sucedido algo que no puede revertirse es necesario caer hasta lo más bajo. Solo allí puedes empezar la escalada.
Ya te he enseñado esta canción un par de veces. Igual la letra no tiene nada que ver contigo pero como grita tu nombre se me hace imposible que no me recuerde a ti. Pero curiosamente la letra me hace sentirme aún más ligado a ella. Tal y como dice "Oh my María, i dont really wanna go go go"
A veces, como idiotas, terminamos enganchados a alguien, casi dependiendo de esa persona. Terminamos pensando que podemos crear un bonito camino. Y ahí es cuando nos perdemos. No nos damos cuenta pero llevamos perdidos mucho más tiempo del que creíamos. Te das cuenta de que la gente no es como creías y te encuentras que aquel bonito camino lleno de flores ahora solo conduce a un oscuro e impredecible lugar.
Esta canción nació en el momento oportuno en mi vida. Creo que describe perfectamente lo que siento cuando vuelvo a la universidad. O cuando vuelvo a mi pueblo. O cuando vuelvo a Madrid. Habla sobre no culpar al lugar. Sobre volver después de mucho tiempo a un sitio en el que has estado encerrado y no te ha tratado bien. A un lugar que no te gusta, pero que te ha visto crecer. De alguna forma quieres perdonarle y mirarle con otros ojos. Quieres darle una segunda oportunidad y a la vez darle las gracias porque aunque sea un lugar que odias es que te ha hecho ser quien eres.
Aquí viene el segundo final de enero. Sé que por más que lo explique cuesta de entender. Que el que se acabe una saga de videojuegos que me acompañó desde que tenía 8 años pueda llegar a afectarme tanto es un poco estúpido, pero... voy a intentar poner un ejemplo. ¿No sentiste un pequeño vacío al terminar la última página del último volumen de Harry Potter? Es como ver una etapa cerrada. Es sentir que esos personajes que casi formaban parte de tu vida han crecido, por fin, han crecido contigo y han llegado a un final. Realmente, en el mismo instante que terminé el juego lloré como un crío y supe que justo en ese instante yo también había dejado de ser aquel niño. Aunque me comporte muchas veces como un idiota o como alguien que no tiene mi edad. Pero enero marca el fin de algo mucho más grande. Enero marca el final de mi juventud y el inicio de una etapa totalmente diferente.
Y es cuando viene el golpetazo de realidad, otra vez, para decirte que espabiles. Que no regalan nada. Que el mundo sucede sin ti, no tiene ningún problema. Así que es mejor unirse a él, no quedarse rezagado y luchar, o al menos intentarlo.
Estaba indeciso sobre que canción poner ahora pero creo que esta, aunque quizás no signifique tanto para mí, puede gustarte más que las anteriores. Me recuerda un poco a un Shaw Méndez algo más mayorcito. A veces no hay que ponerse tan intenso y simplemente dejarse llevar por el ritmo. Olvidar los problemas, que nunca serás el único en tenerlos, e intentar vivir lo mejor que sepas.
(Siento la calidad del vídeo pero es que se me hace imposible encontrar el videoclip o un vídeo con la canción que no sea un cover. Que raro porque en Spoty está perfectamente)
A mí como me cuesta olvidar los problemas siempre vuelvo a mis tiempos oscuros. Ruego por el día en que pueda escapar de aquí. En el que por fin pueda ver la luz. De momento mi guerra es larga y cruenta.
Terminamos enero con otra canción de Kingdom Hearts. Una muy apropiada. Una que habla sobre enfrentarnos a nuestros mayores temores. A embestir aquello que nos hace sentir pequeños. A romper con todo aquello que ose entrometerse en nuestro camino y nos haga caer.
Hay algo en la melodía que me impulsa a levantarme y luchar. Es como si en lo más recóndito de mí se escondiese otra persona que está deseando salir y comerse el mundo. Está ahí esperando a que caiga esta máscara triste y pueda demostrar que no soy solo una especie de muñeco de plástico.
Febrero:
Otro mes, otras dos pérdidas. Siempre he tenido una obsesión innata con los ojos de la gente. Cuando me enamoré de verdad de aquel chico de Madrid caí rendido por sus ojos verdes. Desde entonces si en algún lugar de mi vida aparecen escritas esas dos palabras, las de "ojos verdes", sabrás que me estoy refiriendo a él. Y digamos que aparece más veces de las que me gustaría. De alguna forma este síndrome se ha ido propagando y me ocurrió con Víctor, el otro chico de Madrid. Solo que con él me aferré a su sonrisa bonita. Y me da que esas dos palabras van a llenar muchas entradas de mi blog.
A veces las cosas son tan evidentes que por ese mismo motivo las pasamos por alto. Y a mí se me da fenomenal cegarme por aquello que me alegra el corazón pero que es tan tóxico como el veneno.
No todo lo que reluce es oro.
Entonces te culpas. Crees que eres el chico malo. Que las cosas malas pasan por ti, por ser quien eres. Te dices que te mereces que no te ocurran cosas buenas. Y lo mandas todo a la mierda. Te sientes idiota por tener esperanza. Por recomponer pedazos de ti siempre han estado rotos y se han vuelto a romper en aún más miríadas. Vuelves a tu estado mental de "todo me da igual" y caes, caes y sigues cayendo.
Hasta que llega un día en el que deseas poder levantarte sin querer cerrar todas las ventanas y quedarte a oscuras. Necesitas desesperadamente ver un rayo de luz, pero los pies se te pegan al suelo como si fuesen pegamento y tus párpados se anegan de lágrimas y empiezas a llorar por vete tú a saber qué. Te sientes tan insignificante...
Nunca ha sido fácil perder.
Las personas siempre tienden a refugiarse de toda la maldad en algún lugar. En algo adictivo y muchas veces tóxico. En las drogas, en los juegos, en algunas personas. Pero no te das cuenta. Porque aunque sea algo que te esté matando por dentro lo único que sientes es que te desinhibes y te ayuda a mantener tu mente alejada de aquello que te preocupa. Pero hay que saber detectarlo. Hay que saber frenar a tiempo. Darnos cuenta de que no podemos vivir alejados de toda esa realidad. Que tarde o temprano tenemos que volver o todo este "cloro" puede pasarnos factura.
¿Sabes cuando empiezas a machacarte con las canciones triste-románticas? Pues esta es una de ellas. Tampoco tiene demasiado misterio. Pero hay un fragmento en mitad de la canción que entre tanta tristeza el cantante encuentra fuerza en sus flaquezas y le da la vuelta. Yo también debería armarme de valor como en ese trozo. Todos deberíamos poder asimilar que las cosas empiezan y se acaban. Y que no es malo que algo termine, que de espacio a algo nuevo. (pero duele muchísimo)
Te he puesto el vídeo con subtítulos al español porque cada palabra de la letra describe con total claridad lo que siento. Y es que ha llegado un punto en el que no me encuentro. En el que simplemente me siento aún más fuera de lugar. Nunca he sentido que perteneciera a ninguna parte y no me he sentido ligado a ningún lugar ni a ninguna persona. Pero es que lo que lleva pasándome estos últimos meses no tiene explicación. Es como si hubiese dejado de pertenecer a este cuerpo y a esta vida. Es como que mis huidas, mis carreras para escapar de todo esto ya ni siquiera sirviesen. Ya no sé que hacer. No sé como dejar de sentirme solo. No sé como dejar de llorar por todo.
Antes te he hablado de dos finales más. Uno ha sido el final imposible de querer a alguien que está lejos y que está en otra etapa de la vida a la que quizás nunca pueda llegar. El otro final, de alguna manera, es la idea de romper con Madrid. El final de un sueño que no puede cumplirse. Es el final de dejar de luchar por algo que es literalmente imposible. Y no me refiero a lo de ir a esa ciudad, más bien en general, en dejar de luchar por todos aquellos sueños que cuando eres pequeño piensas que cuando crezcas vas a poder cumplir. Ya estoy harto de vivir de pedazos de sueños que solo me hacen sentir más infeliz. A partir de ahora lo enterraré todo. Aunque me toque vivir una vida anodina y gris, prefiero esto, a vivir algo que no es real.
Como no quiero terminar (mira, otro final, para variar) con algo triste te dejo esto por aquí. Para que, aunque hace solo dos líneas he dicho que voy a dejar de imaginar un futuro imposible, haya una pequeña pequeña pequeñísima parte en algún lugar escondido en lo más recóndito del universo que no se rinda ante todo eso. Y a la vez imaginar un futuro que aunque obviamente siempre habrá problemas, imaginar que llegará un punto en que seremos capaces de controlar todas estas emociones. Que podremos ser felices sin mucho.
Antes de despedirme quería contarte el porqué rompí a llorar el otro día. Quiero decir, suelo explotar por la más mínima cosa cuando estoy en casa, pero intento negarlo todo lo posible cuando estoy fuera. Supongo que no aguantaba más. De alguna forma sentí que estaba ahí una vez más. Otro día más. De otro mes más. Me cansa vivir.
Cuando os fuisteis un momento y os dije que ya me contentaba con ese chino para no dar toda la vuelta al otro y me dijisteis que daba igual sentí (sé que es estúpido vale? todo esto es sumamente estúpido pero mi cabeza estaba en un límite difícil) que mi opinión daba igual. Que realmente le daba igual al mundo. Que podíais iros sin mí y nadie notaría la diferencia. Me sentí terriblemente solo. Y empecé a juntar piezas en mi cabeza, piezas sobre todos estos finales que te he estado contando y me derrumbé. Y cuando viniste a por mí y me ibas diciendo que no estaba solo empezaba a llorar más porque mi cabeza no quería reconocerlo.
Te agradezco que estés siempre que vuelvo. Que no te des por vencida de mí. Te agradezco muchas cosas, pero sobretodo te agradezco que nosotros no tengamos un final.
Sabes? los inicios pueden no terminar, otros son inevitables, pero algunos pueden no tener fin. Si me pusiera a hablar sobre todas las canciones del post creo que no acabaría nunca, pero te voy a comentar las que han sido capaces de sacarme una sonrisa, e incluso las que me han hecho derramar lágrimas. Entre ellas la de "I like me better" me ha gustado mucho, me ha transmitido muy buen rollo, y sabes? me siento mejor persona cuando tu estas conmigo.(Y si, tiene un aire a Shawn Mendes de mas mayorcito) Pero en definitiva, todas las canciones (como siempre) me han conseguido transmitir algo.
ResponEliminaSobre lo del otro día, primero, tu opinión si me importa, me importa muchisimo, que hago para demostrartelo? A mi NO me das igual, espero que eso lo tengas claro.
Ten por seguro que vine por ti, y iria las veces que hicieran falta, porque no, no me iré, y te lo dije una vez en un post de aqui un dia, creeme cuando te digo que no me daré por vencida contigo. Y no, nosotros no tendremos un final, cuando te digo que el team yellow es para siempre lo digo en serio.